
Llanuralandia es un homenaje a mis padres, a mi pueblo natal Paz de Ariporo y al de ellos: Moreno. Autora: Fonoaudióloga, Escritora Diana Claudine Flórez Páez
A Richard, Ricardo González Páez, primo, autor de la carátula de mi novela: El perdón a las ánimas y ausente de este proyecto que pensamos hacer juntos.





Berta Páez y José Gregorio Flórez Abril, originarios de Casanare, sobrevivieron a la destrucción de Moreno, su pueblo natal. Aquel episodio comenzó en 1949, cuando los enfrentamientos entre liberales y conservadores —desatados tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948— alcanzaron el territorio llanero. El incendio del poblado forzó la evacuación de sus habitantes, quienes debieron huir con escasas pertenencias.
La población se dispersó hacia fincas, áreas rurales y ciudades como Villavicencio, Támara, Trinidad, Yopal, Sogamoso y Bogotá. La familia Flórez buscó refugio en Gaviotas. Por su parte, la familia Páez se internó en la maleza durante casi cuatro años. Encabezados por Antonio Cristiano, reconocido tinterillo, cocinaban de noche para evitar los bombardeos aéreos y afrontaron duras condiciones junto a otras familias de la zona. En ese periodo perdieron a dos hermanos de Berta y una creciente arrasó con sus cultivos. Ella, con diez años, y él, con trece, registraron cada detalle de esa travesía.
A comienzos de 1953, los trasladaron al campo de Lechemieles. Allí presenciaron ejecuciones nocturnas, la propagación de plagas, mordeduras de serpientes y la falta de salubridad. Ante la mortalidad generada por el encierro, los prisioneros improvisaron un cementerio que sirvió años después a la comunidad.
Ese mismo año, recibieron la orden de fundar un nuevo asentamiento. Para alejarse de las ruinas de Moreno, eligieron la zona plana contigua al aeropuerto construido en 1938. Para mediados de 1953, el trazado de las primeras manzanas tomaba forma. En septiembre, tras la firma de la paz impulsada por el general Gustavo Rojas Pinilla, bautizaron el lugar como Paz de Ariporo —en referencia al río cercano y al acuerdo firmado— y fijaron su fecha oficial de fundación el doce de octubre.
Las vivencias de Berta inspiraron la novela El perdón a las ánimas. Esta página rinde homenaje a su memoria, su tenacidad y la entereza con la que afrontó la adversidad. Este es apenas un resumen de lo ocurrido.

La fotografía registra la condecoración a Berta Páez de Flórez y José Gregorio Flórez Abril, gestores del comercio en Paz de Ariporo desde los años sesenta, cuyo trabajo impulsó el desarrollo económico, educativo, social y cultural del municipio.
Aportó el lote para el Colegio Sagrado Corazón, promovió la ampliación del Colegio Juan José Rondón y construyó el primer acueducto junto con Esteban Barón.
Financió equipos deportivos como el DIC, apoyó a cantantes novatos y promovió las manifestaciones culturales locales. Habitantes y generaciones posteriores recuerdan su labor altruista, iniciada a través de sus primeros parlantes.


A ella, la primera empresaria nativa de Moreno, quien buscó ser profeta en su tierra. Defendió el derecho de las mujeres al trabajo y al respeto, liderando causas contra la discriminación. Logró que los hijos de familias católicas estudiaran en el colegio protestante y rechazó cualquier manifestación de maltrato.
Destacó por su creatividad en la organización de eventos benéficos y festejos memorables: concursos de disfraces en su discoteca, matrimonios, primeras comuniones y reuniones de quince años.


Historia
Quien ignora la historia corre el riesgo de repetir sus errores. La memoria colectiva suele favorecer la versión de quien la narra, omitiendo voces y acontecimientos esenciales. Los llaneros desempeñaron un papel decisivo en la Independencia de Colombia y en su desarrollo económico; la trayectoria de estos pueblos resulta determinante para comprender la construcción del país.

Gastronomía
La gastronomía llanera refleja la abundancia de la tierra y la sazón de la tradición sabanera. La mamona o ternera a la llanera destaca entre las preparaciones emblemáticas, asada a fuego lento con cortes precisos en chuzos de madera. La cocina tradicional reúne sabores diversos en la hallaca, el pisillo de chigüiro o chigüire, las ruyas y el entreverao. Amasijos como los tungos de arroz y las arepuelas acompañan los platos, mientras el bastimento sostiene las jornadas de trabajo en el campo. Cada plato conserva saberes ancestrales transmitidos entre generaciones.

Santuario Nuestra Señora de los Dolores de Manare
La devoción por la Virgen de Manare constituye un pilar fundamental en la identidad del pueblo casanareño. Sus orígenes se remontan a la época colonial, cuando las misiones jesuitas llevaron la imagen al antiguo poblado de Betoyes. A través de los siglos, el fervor popular transformó esta advocación en un símbolo de amparo y consuelo frente a los periodos de adversidad, destierro y reconstrucción. Hoy en día, la fe en la Patrona de los llaneros trasciende la práctica religiosa: une a las familias en romería, preserva la memoria de los antepasados y reafirma el sentido de pertenencia de una comunidad que encomienda su destino a su protección.

Folclore
El folclore llanero manifiesta la esencia campesina a través del canto, la danza y la poesía de la sabana. El joropo expresa la fuerza del territorio mediante el repique del arpa, el cuatro, las maracas y el zapateo constante de los bailadores. Los cantos de trabajo de llano, declarados Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, acompañan las arreadas y el ordeño, convirtiendo las faenas diarias en melodías melancólicas que amansan al ganado. Leyendas ancestrales, coplas improvisadas y contrapunteos enriquecen esta tradición oral, reflejando el orgullo y la libertad del habitante de estas tierras.

Literatura
La literatura llanera da voz al horizonte infinito, los mitos y las vivencias de la sabana. Desde la tradición oral expresada en corríos y coplas hasta las obras narrativas contemporáneas, sus letras registran episodios de resistencia, amor por la tierra y transformaciones sociales. Autores y poetas regionales capturan la psique del habitante de estas tierras, plasmando la relación del ser humano con la naturaleza y las cicatrices del pasado. Este legado escrito preserva la memoria histórica, convirtiendo la vivencia sabanera en un testimonio imperecedero de identidad.

Fauna
La extensa fauna de los Llanos Orientales constituye uno de los ecosistemas más vibrantes y biodiversos del continente, donde la vida silvestre se adapta a los ciclos contrastantes de sequía e inundación. En estas vastas sabanas inundables, los ríos y esteros albergan al caimán llanero, la anaconda, la nutria gigante y el esquivo delfín rosado o tonina. Las llanuras son el dominio de grandes manadas de chigüiros —el roedor más grande del mundo—, venados sabaneros, osos hormigueros gigantes y el majestuoso jaguar, el máximo depredador de la región. El cielo llanero se engalana con el vuelo de centenares de especies de aves, desde la imponente corocora roja y el garzón soldado, hasta diversas garzas, ibis y rapaces que encuentran en este territorio un refugio vital. Cada rincón del Llano vibra con una fauna única, símbolo de la riqueza natural y la identidad cultural de esta tierra.

Flora
La flora llanera resplandece en un paisaje modelado por la sequía y la inundación, donde la vegetación exhibe una capacidad de adaptación extraordinaria. La palma de morichal emerge como el ícono biológico de la región, erigiendo oasis de vida a lo largo de los esteros y caños que abastecen de agua a la fauna sabanera. Vastas extensiones de gramíneas nativas se entrelazan con matas de monte y bosques de galería, donde sobresalen especies maderables y florales de gran porte como el samán, el ceibo, el flor amarillo y el saqui-saqui. Al llegar las lluvias, las sabanas florecen con especies acuáticas y la mata de palma real domina el horizonte, consolidando un ecosistema vegetal de incalculable valor ecológico y paisajístico.

Regalos, recuerdos, souvenirs
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